• TELEINFOPRESS Ed. 86 / Santa Cruz, Bolivia.-

SE DISEÑAN 6 PROTOTIPOS DE PIEL ARTIFICIAL


​Por primera vez se fabrica un material flexible similar a la piel que puede detectar la presión y transmitir una señal a un componente del sistema nervioso.

Se realizaron seis tipos de mecanismos de detección biológica para llevar a cabo este experimento, logrando imitar una parte del sistema nervioso humano, reproduciendo las señales de presión electrónicas de la piel artificial en impulsos de luz que activan las neuronas, dando como resultado que la piel artificial podría generar una salida sensorial compatible con las células nerviosas.

Zhenan Bao, ha pasado años tratando de desarrollar un material que imite la capacidad de la piel de flexionarse y curarse, mientras que sirva como una red de sensores que envía señales táctiles, de temperatura y de dolor al cerebro. Su objetivo es crear un tejido electrónico flexible con sensores que pueda recubrir prótesis y replicar algunas de las funciones sensoriales de la piel informó la Universidad de Stanford.

Lo que mostró es un adelanto inmenso para la ciencia médica, “piel que siente”, pero artificial. Eso es lo que ha logrado un equipo de ingenieros de la Universidad de Stanford (EE.UU.) encargados del proyecto. La piel es de plástico, esta puede detectar la fuerza con la que se está presionando un objeto generando una señal eléctrica para enviar esa información sensorial directamente a una célula cerebral.

Science, publicó el trabajo de Bao, donde explica el esfuerzo y logro que da hacia su objetivo de reproducir el sentido del tacto. El mecanismo sensorial que permite distinguir la diferencia de presión entre un apretón de manos débil y un agarre firme, permitiendo por primera vez que un material flexible similar a la piel puede detectar la presión y transmitir una señal a un componente del sistema nervioso.

Esta piel está compuesta de una capa superior que crea un mecanismo de detección, cuenta con un sensor que puede detectar presión de forma muy similar a la de la piel humana, desde un roce con los dedos hasta un apretón de manos, y una capa inferior que actúa como el circuito para transportar señales eléctricas y traducirlas en los estímulos bioquímicos compatibles con las células nerviosas.

Para explotar dicha capacidad de detección de presión electrónica, se incrementó esta sensibilidad al añadir un patrón como de panal en el delgado plástico, comprimiendo aún más los resortes moleculares del plástico; el equipo colocó miles de millones de nanotubos de carbono a través del plástico y, al presionar el plástico, se aprietan los nanotubos más juntos y así se trasmite la electricidad.

Al quitar la presión se relaja el flujo de los pulsos, lo que indica un ligero roce, y al eliminar todo tipo de presión hace que los pulsos cesen por completo. Posteriormente, el equipo conectó este mecanismo de detección de presión a la segunda capa de la piel artificial, un circuito electrónico flexible que podría llevar los impulsos eléctricos a las células nerviosas.

Ya para completar lo proyectado, probaron si la señal electrónica podría ser reconocida por una neurona biológica a través de la adaptación de una técnica desarrollada por Karl Deisseroth, profesor de Bioingeniería en Stanford, que fue pionero en un campo que combina la genética y la óptica, llamada optogenética. Así, los investigadores diseñaron las células para que fueran sensibles a frecuencias de luz específicas utilizando pulsos de luz para cambiar las células o los procesos que se producen dentro, reaccionando a la luz cuando se enciende.

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